La vida de un niño es dura. No puedes hacer muchas cosas porque “eres pequeño”. No puedes hablar de ciertos temas porque “tú no lo entiendes”. No puedes ver ciertas películas porque “son demasiado fuertes para ti”. ¡Ser niño es un rollo! Por éstas y por muchas frases míticas que pasarán a la historia como “las frases que más te fastidiaban de tus padres”, quieres crecer y ser adulto.
Cuando eres niño, siempre estás pensando en esas prohibiciones que te hacen los mayores y tú todavía no puedes por cuestión de edad. Un claro ejemplo es el hecho de ponerte al volante de un coche y lanzarte a la carretera para descubrir la sensación de conducir. ¡Imagínatelo! Te ves sentado en tu deportivo de lujo al lado de una chica rubia despampanante, mientras sientes el viento fresco en tu cara y las aceleradas palpitaciones de tu corazón en el pecho. Pasados unos segundos de dulce locura, despiertas y piensas que todo ha sido una broma macabra de tu imaginación, como si te hubiese recordado que no puedes hacerlo. Pero los chavales de los 80 y principios de los 90 pudimos jugar a ser mayores.
Siente la velocidad al volante de tu recreativa.

“Out Run” (1986) es una de esas joyas que encontrábamos los pipiolos de mi época en los salones recreativos hace más de veinte años realizada por un estudio interno de Sega, llamado Sega-AM2. Se trataba de un juego de conducción en forma de máquina recreativa. Había un objetivo muy claro: avanzar para alcanzar los “check points”, conseguir más segundos y lograr llegar a meta antes de que el tiempo acabara. Una meta que no siempre estaba en el mismo lugar porque al final de cada tramo de carretera, se nos presentaba una bifurcación que nos hacía elegir el camino a seguir: izquierda o derecha. El verdadero logro de este videojuego era la sensación de orgullo personal que se nos quedaba al llegar a controlar el coche a velocidades vertiginosas.
La simpleza de este videojuego no fue un inconveniente para llegar a convertirse en uno de los juegos de velocidad más queridos y recordados por los jugadores. Yu Suzuki (“Space Harrier” 1985; “Virtua Fighter” 1993; “Shenmue” 1999 y “Shenmue II” 2001), creador del juego y miembro de Sega AM2, dotó al juego de sencillez, colorido y una curva de dificultad que te animaba a seguir intentándolo una y otra vez porque la dinámica de juego no iba a poder contigo. Yo veía a niños mayores que yo jugando y que llegaban más lejos o, incluso, se pasaban el juego con una sola moneda. Eso te picaba a intentarlo otra vez y otra vez y…

La máquina recreativa tuvo cuatro modelos diferentes (dos en posición vertical y dos con asiento) con volante, caja de cambios y pedales de aceleración y freno. Los controles nos trasladaban a un mundo de realidad alternativa a los mandos de nuestro propio Ferrari Testarossa, aunque había otros cinco vehículos disponibles en las diferentes carreras. Yo tuve la oportunidad de jugar en la que te colocabas de pie y las recreativas con el coche casi completo no pude disfrutarlas.
Otro aliciente de esta recreativa era la posibilidad de elegir la música que nos iba a sonar durante el transcurso de la carrera. El compositor Hiroshi Kawaguchi fue el encargado de proveer al juego de las melodías que se seleccionaban a través de la radio de nuestro coche. Por último, destacar que “Out Run” disponía de varios finales alternativos en función del camino que hubiéramos tomado. Éste fue otro toque distintivo para las recreativas de la época ya que la mayoría de ellas y muchos de los videojuegos de consolas de sobremesa ofrecían la misma escena final.
¿Hasta aquí llegas? ¡Qué poco aguante para ser un Ferrari!
El juego nos llenaba de sensaciones únicas y nos atraía para seguir superando los distintos tramos sin chocarnos con otros coches o con los elementos propios de la carretera, algo bastante complicado. Sin embargo, hay que destacar que, a pesar de sus coches añadidos y diferentes finales, no era un juego perfecto. Muchos usuarios se quejaban de la dificultad a la hora de jugar (yo el primero). Además, una vez dominado, no nos llevaba más de seis minutos cruzar la línea de meta en cualquier partida. Demasiado corto por mucho que nos hiciese sentirnos mayores y más si no ganabas un beso de la chica que te acompañaba. Por otra parte, el juego ha envejecido realmente mal. Hoy en día estamos acostumbrados a deshacernos en halagos hacia juegos como “Forza Horizon 2” (2014) o “Project Cars” (2015) no sólo por su vistosidad de gráficos, sino por la multitud de posibilidades jugables que nos presentan. El hecho de jugar a “Out Run” a día de hoy es más un acto de nostalgia videojueguil que por disfrutar de las opciones que ofrece.
El juego alcanzó un éxito rotundo gracias al público y no tardó en adaptarse a los diferentes sistemas existentes en aquellos años y a otros que se pusieron a la venta más adelante, consiguiendo varias versiones diferentes entre ordenadores, consolas y remakes. Hay que destacar “Out Run 2” (2003) que mantenía la esencia con significativos cambios gráficos; “Out Run 2006. Coast 2 Coast” (2006), iba incluyendo novedades jugables en los coches; y “Out Run Online Arcade” (2009), idéntico que la secuela pero en forma de juego descargable
Si hay alguien que quiera disfrutar de este clásico, puede conseguirlo en formato físico en las páginas webs o en tiendas de segundo mano por unos precios de que van desde los 16 a los 45 € en consola o los casi 100 € en PC. De todas formas, como muchos juegos retro, se pueden jugar por emuladores online.
Aunque los avances generacionales posteriores mejoraron los aspectos visuales y sonoros, los videojugadores seguimos prefiriendo el clásico “Out Run”, un juego difícil de coches con toques distintivos en comparación con sus rivales de aquellos años. Nosotros lo recordamos con gran cariño porque nos dejó creer que éramos adultos cuando todavía les pedíamos monedas a nuestros padres para jugar a “las maquinitas” en los salones recreativos.

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